lunes, 13 de mayo de 2013

"Adiós, muchachos", de Louis Malle


Francia ante el espejo

Antes de que empecéis a leer quiero advertir de que en esta crítica voy a hablar del final de la película. Personalmente, creo que no es relevante conocer el desenlace de antemano, si no la habéis visto. En cualquier caso, soy consciente de que hay gente a la que le molestaría hasta que les dijeran que al final de Titanic, el barco se hunde. Si es tu caso, puedes ver la película completa, que está enlazada más abajo, y luego leer la crítica. Enlazo una versión doblada al español, y otra en versión original con subtítulos en inglés. Si domináis el inglés o el francés, recomiendo encarecidamente la segunda opción.





Adiós, muchachos es, posiblemente, la mejor película acerca de la ocupación nazi en Francia durante la II Guerra Mundial. Fue León de Oro en el Festival de Venecia en 1987. Estuvo nominada a mejor película de habla no inglesa, aunque el premio fue para El Festín de Babette una buena película, pero notoriamente inferior a Adiós, muchachos y a la también nominada ese año, La familia, de Ettore Scola, de la que también hablaré algún día en este blog. 



Louis Malle fue un director que comenzó su carrera de forma casi contemporánea a la Nouvelle Vague, aunque no se puede decir que perteneciera a ese grupo. Creo que no le ayudó compartir tiempo con Truffaut, Godard y compañía, de cara a ser más reconocido. Sin embargo, dirigió películas muy notables en aquella época, como Ascensor para el cadalso, o Los amantes. Pero es en 1987, cuando dirige la obra cumbre de su filmografía, Adiós, muchachos.
Enero de 1944, en la Francia ocupada. Después de las vacaciones de Navidad, el niño Julian Quentin (de unos 12 años) regresa al colegio de curas en el que se encuentra interno. Allí conocerá a un alumno nuevo, Jean Bonnet. Poco a poco irá entablando amistad con él, al tiempo que descubre su gran secreto. Jean Bonnet en realidad se llama Jean Kippelstein, y es judío. Los curas lo esconden (a él y a otros dos chicos) del terror nazi, pero un chivatazo (algo muy común en aquella época) lleva a los nazis a capturar a los niños, los curas, y a cerrar el colegio.



Adiós, muchachos es una magnífica película para reflexionar acerca de qué papel jugaron los franceses en la ocupación y cuál fue la actitud de la Iglesia durante los años del nazismo.
Cuando los niños hablan de política, generalmente, suelen ser un loro de lo que oyen en su casa. Hay una secuencia muy reveladora en la que hablan de la situación del país y podemos oír frases como “sin Petain estaríamos mucho peor”, o “mejor los nazis que los comunistas”, o también “mi padre dice que la culpa la tienen los judíos”. Esta secuencia pone a Francia delante del espejo. ¿Existió la resistencia? Sí ¿Fue tan numerosa como el cine y la literatura nos han hecho creer? En absoluto. La realidad es que la inmensa mayoría de la sociedad francesa fue pasiva ante la ocupación nazi. La realidad es que muchos más franceses de los que luego ellos quisieron admitir fueron colaboracionistas (la secuencia de un padre levantándose indignado, mientras escucha un sermón en el que el cura habla de justicia social, también es muy reveladora en ese sentido). Y la realidad es que los focos de resistencia fueron escasos, aunque absolutamente admirables. Esos focos de resistencia se dividieron entre los que lucharon, como una guerrilla, contra los ocupantes, y los que, como en el caso que nos ocupa, escondieron a personas (judías, sobre todo) perseguidas por los criminales nazis. En ambos casos, pagaron, en muchas ocasiones, con su vida.



Y luego está el papel de la Iglesia católica. Aquí conviene separar la reflexión en dos partes. Por un lado, la jerarquía católica, la Iglesia como institución. Por otro, del que se ocupa la película, el valor de muchos religiosos, que, a título personal, se jugaron la vida para ocultar a perseguidos por el nazismo.
Poca gente puede poner en duda, hoy en día, que la Iglesia católica, como institución, mantuvo, durante los años del nazismo, tanto antes como durante la II Guerra Mundial, una actitud pasiva, bochornosamente neutral. Hacer llamamientos a la paz y la concordia entre pueblos, durante aquellos años negros, es como mirar para otro lado durante una violación y luego llamar al entendimiento entre hombres y mujeres. Esta es una mácula que difícilmente podrá limpiarse la Iglesia católica (la película de Costa Gavras, Amén, trata sobre este tema). Contrasta esta actitud con la que mantuvieron algunos religiosos, que pusieron en peligro sus vidas, para evitar que muchas personas fuesen llevadas a campos de concentración.



Adiós, muchachos narra el nacimiento de una amistad en un contexto muy difícil. Se podría decir que Julian empieza a comprender y a valorar a su amigo Jean en el momento en que descubre que es judío. Pero también es en ese momento en que toma consciencia de la gravedad de todo lo que está pasando más allá de los muros del colegio. De alguna manera, Julian deja atrás la niñez cuando descubre que Jean Bonnet es en realidad Jean Kippelstein. La complicidad y la confianza que adquieren a partir de ahí es magnífica. Julian puede hablarle con naturalidad a su amigo de por qué se hace pis en la cama; se divierten, cómplices, tocando al piano a cuatro manos… Pero sobre todo, se ve en la secuencia en la que Julian le pregunta “¿Tienes miedo?” y tras un segundo de silencio Jean le responde “Todo el tiempo”. Hay infinidad de películas sobre el nazismo y el terror que provocaba, pero, para mí, nunca ha quedado tan bien expuesto, como en la sencillez de esa secuencia.



La herida interior que Julian arrastrará toda su vida se abre justo cuando más cerca se siente de su compañero. Cuando los nazis irrumpen en la clase, tras haber recibido el soplo de que allí se alojan judíos, Julian no puede evitar mirar a su amigo y es esa mirada la que le indicará a los nazis quién es el niño judío. Esa herida se agudiza cuando tiene que mirar directamente a los ojos al delator, el ayudante de cocina del colegio, que había sido despedido por robar, y que en venganza, comete uno de los actos más miserables que puede cometer un ser humano. Julian, que a menudo trapicheaba con el delator, se sentirá responsable, porque fueron esos trapicheos los que provocaron su despido. Resulta todavía más repugnante cuando, para disculpar su delación, le dice “tranquilo, sólo son judíos”. Una vez más, la película muestra que, en aquella época, no sólo había antisemitismo en Alemania. Después, cuando Jean Y Julian tienen ocasión de despedirse fugazmente, mientras recogen sus cosas, el primero le dirá “no te preocupes, me habrían descubierto de todos modos”. Pero es difícil que una herida tan profunda se pueda cerrar sólo con esa frase. De hecho la voz en off de Julian adulto, al final de la película lo deja bien claro. “Han pasado 40 años, pero hasta el día de mi muerte, recordaré cada segundo de aquella mañana de enero” escuchamos, mientras al niño se le llenan los ojos de lágrimas.



Creo que la secuencia final, en la que los alumnos, en formación, observan cómo los nazis se llevan a sus compañeros y al director del colegio, supone, sin embargo, un canto al valor y la entereza que puede llegar a tener el ser humano en situaciones extremas. El padre Jean, director del colegio, observa a sus alumnos, mientras los nazis se lo están llevando. Todos ellos se despiden de él con el respeto y admiración que les merece. Uno a uno van diciendo “Adiós, padre Jean”. Él se para un momento, los observa, y, cargado de dignidad, les responde, “Adiós, muchachos”. Au revoir, les enfants.

Alfonso Mazarro

                                 Adiós, muchachos. Versión doblada al castellano

                            Adiós, muchachos. Versión original subtitulada en inglés

5 comentarios:

E.C. Belmont dijo...

El final de esta peli es impactante, yo la vi sin querer y sin pensar que me iba a gustar tanto! En sí he visto varias películas sobre el nazismo, algunas muy elaborados y que nos muestran la situación más critica (mmm se me ocurre campos de esperanza, por ejemplo). Esta sin embargo, podría decirse que es "trivial", ya que se centra en la vida diaria en la escuela pero creo que eso le es mucha más fuerza al significado de la historia!
Tienes un muy buen blog! Gracias x compartir tus opiniones :)

alfonsomazarro dijo...

¡¡¡Qué alegría!!!. Primeros comentarios en el blog. Me alegra mucho que te haya gustado. Un gran saludo

Anónimo dijo...

Hola, cuando vi por primera vez esta película tenía la edad de los protagonistas, me gustó e impresionó mucho. La amistad y la dignidad frente a los criminales y sus complices. Hoy soy profesor de ética y suelo poner esta película a mis alumnos esperando que su mensaje les llegue como me llegó a mi.

Anónimo dijo...

la pelicula en si difere bastante de la realidad.la franciaa de vichy estaba muy enpobrecida tenian que pagar los gastos d elas guerras y la economia era devastadora en la pelicula esto se omite,otro punto es la cantidad de poblacion que se ve en el film recordemos que francia fue partida en dos en ese tiempo la francia de vichy y la francia anexionada al 3 reich por lo cual el traslado poblacional originaba el despoblamiento de muchas ciudades dejandolas en un estado de abandono ,lo que tanbien se omite en la pelicula,la vestimenta de los niños es como casi nobiliaria y fina ,pero en ese tiempo si tenian esa ropa no la lucian de la manera en que la pelicula muestra llendo al grano esta muy mal ambientada y si quieres hablar en serio de la segunda guerra mundial no la recomiendo,por ultimo,el padre jacques dictaba clases en una choza de madera en una colina ,en un pueblo muy desabitado ,y otro dato male y el judio no eran amigos como se muestra en el film si no que vivian peliandose eso lo afirma el mismo en una nota asi que hasta eso es mentira saludos

Anónimo dijo...

Aprende a escribir, y después nos das lecciones de historia. La película está genialmente ambientada, y ninguna de las razones que das para criticarla tiene sentido. Una película no es una foto de la realidad, es una interpretación de la misma.