viernes, 21 de junio de 2013

Una jornada particular, de Ettore Scola

Como en críticas anteriores, debo advertir que voy a hablar del final de la película. No creo que sea relevante conocer el final de antemano para disfrutar de Una jornada particular, pero si tú no la has visto y crees que sí es relevante, puedes verla en el enlace al final del texto.

Retrato de la soledad humana

En 1977 el director italiano Ettore Scola consiguió reunir, en un espectacular mano a mano interpretativo, a las dos mayores estrellas del cine italiano de todos los tiempos, Sophia Loren y Marcello Mastroiani. El resultado fue una película brillante, emotiva, sencilla e inmensa a la vez, certera radiografía de la soledad humana, Una jornada particular.




Sophia Loren interpreta a Antonietta, una madre de familia numerosa, sometida por un marido fascista, y fascista ella también hasta que conoce a Gabriele (Marcello Mastroiani) un disidente político, homosexual, que está viviendo el peor momento de su vida. La película se abre, a modo de contextualización, con una especie de No-Do italiano que anuncia, alborozado, la llegada de Hitler y los más influyentes miembros de su gobierno en visita oficial a Roma. Esa mañana, Antonietta se queda sola en casa porque su marido y sus seis hijos han ido a ver, como casi todo el pueblo de Roma, el desfile militar en homenaje al Führer. En un edificio vacío, con las calles de Roma enfervorecidas, Antonietta conocerá a Gabriele, del que se enamorará, y que le hará abrir los ojos y ver cuán vacía, solitaria y miserable ha sido su vida, hasta el momento de encontrarse. Ese día, mientras el pueblo italiano enloquece y camina sin remedio hacia el abismo, será un oasis en la vida de Gabriele y Antonietta.



Ettore Scola ofrece en esta película un monumento a la sutileza, a las cosas que se entienden sin necesidad de decirlas, a los silencios expresivos, a las miradas más elocuentes que cualquier frase… La sutileza de describir la soledad de Antonietta mostrando a su loro como su única compañía. Pero la sutileza también la muestra de otras maneras, con la música militar que suena a todo volumen en la radio de la portera chismosa obliga a apagar la rumba que baila Gabriele en su casa, en el primer encuentro con Antonieta. La música militar silenciando la rumba es una fantástica metáfora de la Italia de Mussollini. Y es que Scola se cuida muy mucho de que no nos olvidemos del contexto histórico, de lo que se está viviendo en ese momento en las calles de Roma. ¿Cómo? Salpicando constantemente la película con las narraciones radiofónicas fascistas, a mayor gloria del Duce y el Führer.



En 1993 muchos alabaron la valentía de Tom Hanks al aceptar interpretar a un homosexual en Philadelphia (papel que lanzó su carrera, sin Philadelphia puede que estuviese haciendo secuelas de Big). Digo esto para entender el valor que tiene el hecho de que Marcello Mastoiani interpretara a un homosexual en 1977, en un país, además, tan profundamente católico como Italia. Mastroiani, el mayor galán de la historia del cine italiano, se puso en la piel de Gabriele y lo dotó de un carisma, una sencillez y una fuerza asombrosas. Sin recurrir a ni uno sólo de los clichés que tenían (y aún tienen) los homosexuales, sin pluma, sin extravagancias, nada. Hasta la frase con la que “sale del armario” ante Gabriele es contenida (“En Italia un hombre debe ser marido, padre y soldado, y yo no soy ni marido, ni padre, ni soldado”). Por su parte Sophia Loren, en su primera madurez, borda el personaje de Antonietta, mujer sometida (“mi marido sólo me da órdenes, de día… y de noche”), atrapada por las cosas que se esperan de ella, ciega ante la realidad de su país.



Una jornada particular remite a otros títulos en los que dos personas viven una relación corta, pero muy intensa. Estoy pensando en Breve encuentro, Antes del amanecer, Los puentes de Madison, Lost in translation… Son películas todas ellas en las que la relación es imposible. Aquí el impedimento es la homosexualidad de Gabriele. Y esa es la verdadera tragedia de la película, dos personas que han encajado como dos piezas de un puzzle, que se aman, que se comprenden, pero que nunca podrían ser felices en una relación larga. Aún así, se podría decir que Antonietta y Gabriele se han salvado mutuamente.



Scola ofrece con Una jornada particular una de las mejores películas de la historia del cine italiano (que no es cualquier cine, por cierto). Posee un trabajo de puesta en escena soberbio, en el que la cámara se mueve por cualquiera de los dos pisos con soltura y libertad, como en la secuencia en que Sophia Loren va despertando uno a uno a todos los miembros de su familia, y con un guión que es una verdadera obra de arte, a la altura de las mejores piezas teatrales del siglo XX  (pues es una película absolutamente teatral). Ese año el Óscar a la mejor película de habla no inglesa fue para la francesa Madame rosa, de Moshe Mizrahi, y de la que hoy en día nadie se acuerda. Derrotó, aparte de a Una jornada particular, a la película de Buñuel Ese oscuro objeto del deseo. Un ejemplo más del valor real que tienen estos premios.




Una jornada particular es, en definitiva, un retrato de la soledad humana. La soledad del disidente político en tiempos oscuros, la soledad del perseguido, la soledad de la mujer esclava de su hogar, ninguneada y despreciada por su marido. Y es una película sobre la importancia de encontrar a alguien con el que sentirse comprendido, querido, escuchado… (no necesariamente con una típica relación amorosa de por medio). El final, en el que Antonietta observa desde su ventana como Gabriele se marcha al exilio, mientras la música militar nos remarca las razones por las que se tiene que marchar, es el broche de oro a una obra maravillosa. Una película escrita y dirigida por Ettore Scola e interpretada por Sophia Loren y Marcello Mastroiani era apostar por caballo ganador.

                                              Una jornada particular. Película completa


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