Decir esto ahora
parece sacrílego, pero cuando Clint Eastwood estrenó Mystic River en el año 2003 era
un director que empezaba a mostrar síntomas de decadencia. Su última gran
película, Los puentes de Madison, la
había estrenado 8 años antes y entre medias había dirigido cinco largometrajes
(Poder absoluto, Medianoche en el jardín
del bien y del mal, Ejecución inminente, Space Cowboys y Deuda de sangre) que,
aún siendo unos mejores que otros, no alcanzaban ni de lejos la calidad de
obras como Bird o Sin perdón. Si a todo esto le añadimos
que en el año 2003 Clint Eastwood ya tenía 73 años, nos encontramos con que en aquel momento no era infrecuente leer y escuchar a algunos críticos para los
que la época dorada de Eastwood ya había pasado y sólo estábamos presenciando
sus últimos coletazos.
