La semilla del diablo
arranca con un plano aéreo de Nueva York y una canción de cuna que nos hiela la sangre. Y , a partir de
ahí, ése es el estado con el que Roman Polanski mantiene al espectador a lo
largo de toda la
película. Quizá la más aterradora de toda la historia del
cine. Es una película de terror sin un solo susto (confieso que he pensado en
otros casos parecidos y no se me ha ocurrido ninguno), que enlaza directamente
con los miedos más profundos de la cultura judeo-cristiana: el diablo, el infierno,
la brujería, la locura...
